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¡Dios mío, qué solos se quedan los viejos!

Hace muchos, muchos años, durante los tiempos románticos de mi juventud pasada, que solía envolverme en el placer infinito de leer los poemas líricos de la lengua castellana. Esos recuerdos le prestan el título a esta presentación. Se trata de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, quien en su poema muy triste repetía cadenciosamente "... Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!..."

La juventud se considera no sólo un período relativamente fugaz de nuestras vidas; sino que también, puede considerarse como estado evolutivo en el ciclo psico-vital de nuestras existencias, como lo es, sin duda, en una mayoría de los casos, un estado de ánimo, y asimismo una actitud mental.

Con el pasaje de los años nuestras habilidades se circunscriben, nuestros sentidos disminuyen en su agudeza, nuestros reflejos se prolongan en el tiempo de sus respuestas, nuestros intereses se reducen en su alcance, nuestra relevancia comienza a desaparecer progresivamente; volviéndose los llamados "Años de Oro de la Vida", a veces, una penuria prolongada de un modo innecesario.

El corredor de maratones más viejo del mundo: 96 años de edad?

Hay dos asuntos que son bien importantes y que hay que tener en cuenta cuando se atenta la intrepidez de tratar de explicar esta etapa de nuestras vidas. La primera es que para los fines del Siglo XX, una proporción muy alta de la población mundial estaba constituida por "gentes viejas"; y, segundo, que todas esas "gentes viejas", en el s.XXI, no se ajustarán a los moldes estereotípicos que nuestra sociedad les ha asignado.

¿Cuáles son esos "moldes estereotípicos" a los que yo me refiero?:

  • Que los viejos son limitados en sus habilidades atléticas. ¡Error!. Los viejos pueden entrenarse a correr maratones y a hacer ejercicios aeróbicos --- hecho corroborado por el número creciente de aquellas personas de mucha edad quienes compiten sin dificultades y exitosamente en las olimpíadas que se llevan a cabo por toda Norteamérica anualmente.
  • Que los viejos carecen de vida e interés sexual. Otro concepto equivocado que falla en tomar en cuenta que los viejos sí que tienen intereses y existencias eróticas basadas en diseños exquisitamente "planeados" para nuestras especies. Lo que sucede es que nuestros estereotipos les asignan a ellos un climaterio prematuro y arbitrario al que ellos mismos, a menudo se "someten", sin saber por qué lo hacen.
  • Que a los viejos hay que engañarlos y hay que guardarles secretos --- como a los niños muy jóvenes. "No le digan que va a ver un psiquiatra para su depresión, díganle que va a ver un médico para el asunto de que el pelo se le está cayendo"... un insulto u otra injuria adicional que se comete.
  • Que a los viejos hay que tratarlos como si fuesen infantes. No sólo se les roba la relevancia cuando se les fuerza a la jubilación prematura; sino que cuando se les visita, se hace de modo obsequioso y patrocinante, cargados de golosinas, presentándole "unos dulcitos" para "que se sientan bien" (¡qué farsa más torpe!).
  • Que la pérdida de memoria, que a veces aparece en algunos seres ancianos es síntoma patognomónico de la decadencia funcional del individuo; y no que, en su lugar, puede que sea una manifestación de trastornos depresivos, de la mala alimentación y/o de la falta de estimulación social y emocional. A veces es mejor asignarle a alguien (eufemísticamente una "enfermera"), en lugar de dedicarle tiempo con interés y sinceridad a la persona mayor. Lo que, en mi opinión es, simplemente crueldad injustificada.

Habiendo elaborado someramente, en aspectos selectos, del problema de nuestros viejos. Yo quisiera hacer otros juicios que aplican de modo bastante consistente a nuestra sociedad dominicana.

En nuestro país la cúpula de la ambición de los jóvenes, está ligada al hecho de que la mayoría de los graduados, vástagos de familias adineradas, inevitablemente pararán trabajando para (y en los negocios de) los padres exitosos quienes fueron los fundadores del imperio económico de la familia. Ello significa que luchas entre aliados serán inevitables entre los hermanos, sus cónyuges, los primos (que inevitablemente los habrá); y, por supuesto, la vieja generación , quien ve su relevancia amenazada por la presencia de una "juventud impetuosa", cuyas ideas (aunque sean originales) a veces parecen audaces e impulsivas, en lugar de relevantes.

He aquí el punto desde el cual estratégicamente los viejos se "vuelven" "muy viejos", se les infantiliza, se les miman, se les engorda, se les retira, y se les relegan a la compañía de la proverbial "compañera y custodia".

Como se lamentaba un señor de mente clara, de visión intacta y de intereses vastos; pero que era viudo: "¿Para esto nosotros criamos a los hijos?".

¡Dios mío y qué solos se quedan los viejos!

Bibliografía

Amplia selección de artículos técnicos y de información general se pueden obtener por solicitud.

Dr. Félix E. F. Larocca


 

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